Coger el Toro por los Cuernos.

Es un tema que levanta ampollas. Pero sinceramente prefiero eso a las banderillas. Cataluña es hoy un poco más justa... para según quién. Pero el problema está, precisamente, en que es Cataluña y no otra comunidad la que ha alzado la voz contra la tauromaquia. No habrá más corridas de toros. Éstos, al menos en esta comunidad, dejarán de sufrir mientras mueren desangrados en una plaza. Y por mucho que en medio país los principales portavoces nos tachen de nacionalistas, separatistas y antiespañoles, yo simplemente me siento orgullosa de formar parte de una sociedad que rechaza cualquier exhibición de tortura animal.

Para muchos es una tradición. Yo no quiero que un acto de crueldad contra un animal tenga que ser el referente de souvenirs para turistas y el reclamo para que los extranjeros visiten España. Cataluña, bajo mi punto de vista, ha cogido el toro por los cuernos, y no precisamente para clavarle la banderilla, sino para protegerlo de ella.

Hoy, una mujer hablaba ante las cámaras mientras hacía un traje de luces. Indignada, se lamentaba de la decisión de 'estos catalanes' de prohibir las corridas de toros, alegando que no se imaginan la gente que vive de ésto. Y es cierto. Defendía a capa y espada su postura, sin pararse a pensar en que tal vez su trabajo, a pesar de ser muy digno, tiene una finalidad muy cruel en la cual cada uno se rige por su propia ética y moral. Pero en el fondo la mujer no era más que un eslabón en esta cadena, por mucha razón que tuviera al defender su trabajo. Los empresarios lamentaban las pérdidas. Los tour-operadores hacían números para contar los autobuses que dejarán de llenarse de turistas ansiosos de sangre.

Los ciudadanos se quejaban de que fuera Cataluña la que extirpara parte de la tradición española aunque Canarias ya lo hubiera hecho 19 años atrás. Ciertos ganaderos intentaban dar validez a su postura argumentando que el toro, antes de ser lidiado, vivía cuatro años en absoluta libertad... como si así se justificara el cruel destino del animal. Y Montilla se limitaba a decir que él votó en contra. Pues yo, y pese a quien le pese, me alegro que La Monumental deje de mancharse de sangre inocente. Y no he encontrado mejor canción que ésta para rendir un pequeño homenaje a la libertad. Porque ser libre no significa hacer lo que a uno le venga en gana, sino saber distinguir entre lo que se debe y no se debe hacer.

 

Elisabet Parera Campins.
Periodista. 

 

 



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